¡Qué tema los culos!
A mi modesto entender, los culos abren decenas de temas vinculados, precisamente. El culo y sus usos, la suerte asociada a su propio nombre, las caras largas y muchísimos más... pero ahora me quiero concentrar en sus movimientos.
Más allá de los más íntimos, tema al que podríamos introducirnos más adelante en el tiempo, su vaivén ondulante al desplazarse por la vida me ofrece ese magnetismo propio de los péndulos o del mismísimo hipnotismo.
Demás estaría ahondar en detalles, pero más de una vez me desperte de su efecto casi perdido en la calle completamente perdido en mi rumbo original. Y todo por él. Confieso que más de una vez me sorprendió esa tentación de pellizco, palmada o hasta pensamientos más vinculados con su asalto liso y llano.
En la sabiduría de quien se haga cargo de haber inventado el culo, mis más oscuras felicitaciones.
Un buen contoneo de culo me asolea el día. Coincido en eso del hipnotismo: si tengo un culo hechicero delante pierdo la idea de dónde iba, quién era, para qué nací, y aparezco en Aldo Bonzi. Ojo con la tentación del pellizco o la palmada, creo que es mejor dejar al culo en estado de idealización, ser un adoraculos, porque una vez que metés la mano en la masa pueden pasar cosas terribles.
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